Ni tinta ni papel

Entrevista publicada el 24 de Febrero de 2008 en el diario el País

IPS es pionera en tecnología de desarrollo de firma digital

El hall del hotel en el que se desarrolla la entrevista es un continuo ir y venir de huéspedes con aspecto de ejecutivos/as y semblantes de no tener un minuto que perder. Desde un rincón, Rodolfo Lomascolo, director general de IPS Certification Authority, mira a aquellas personas con el pensamiento de que, al menos algunos de ellos, podrían ser potenciales clientes de su compañía, “nosotros trabajamos lo mismo con autónomos y profesionales liberales, que mandan sus facturas por correo electrónico en documento firmado, que con medianas y grandes empresas que precisan visados electrónicos, firmas de contratos de trabajo temporal, auditorías…”.

Nosotros. Cuando Rodolfo Lomascolo, nacido argentino, nacionalizado español, utiliza el término nosotros se refiere a IPS Certification Authority, la empresa de certificación electrónica por él fundada -“junto con mi mujer, Mónica Pujadò, directora financiera”- y que, a día de hoy, tiene más de un millar de clientes de firma electrónica repartidos por todo el mundo, “y otros 10.000 que expiden sus certificados con la tecnología que hemos desarrollado”.

La empresa, a día de hoy, cuenta con más de un millar de clientes de firma electrónica repartidos por todo el mundo
En 1997 la fábrica de Moneda y Timbre expidió en España los primeros certificados de firma digital para la declaración de la renta

Proyecto de vida
Rodolfo habla de su empresa con el convencimiento de estar hablando de su proyecto de vida…, un proyecto al que ha dedicado los últimos 13 años, desde que en 1995, este licenciado en Ingeniería Mecánica por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), viendo las posibilidades comerciales de Internet, fundara la empresa que preside.

Para entonces, el currículo de este emprendedor ya aparecía jalonado de cargos y destinos profesionales de relevancia: en 1990, era jefe de Ingeniería de Producción del CIM (Computer Integrated Manufacturing) de la UPC, “aquello me dio la oportunidad de entrar en la robótica, el sueño por el que opté por aquella carrera”.

Residente en Madrid, aunque su trabajo le haga habitual de los aeropuertos, hoteles y restaurantes de medio mundo, puede que Lomascolo deba un mucho de su realidad empresarial a su temprana fascinación por la lectura… y sobre todo por la ciencia-ficción. “Recuerdo que con 15 años cayó en mis manos The Soul of a New Machine (El alma de una nueva máquina)”. Es un libro escrito por Tracy Kidder y relata cómo un grupo de ingenieros trata de desarrollar un chip de 32 bits (hay que tener en cuenta que los más potentes ordenadores personales de la época trabajaban con 16 bits). Así, émulo de los protagonistas de esta novela, Rodolfo tiene claro que la apuesta de IPS ha de ser la innovación. Una incursión en la hemeroteca deja las cosas claras: casi desde el momento de su fundación, IPS es pionera en el mundo en lo que a tecnología de desarrollo de firma digital se refiere. “En cuanto a uso y legislación, España comenzó, en el año 1997, con la fábrica de Moneda y Timbre expidiendo los primeros certificados de la declaración de la renta. Es entonces cuando nos damos cuenta de la necesidad de desarrollar programas que puedan validar, electrónicamente, documentos”, comenta.
Futuro y pasado
Mientras Rodolfo bosqueja líneas fundamentales de la compañía que dirige, el entorno mantiene su continuo devenir de maletines de cuero, ordenadores portátiles y trajes de cuidado corte. Con todo ello, el usuario interesado en trabajar con certificados de firma avanzada no habrá de hacer desembolsos excesivos -“con un dispositivo de hardware (una tarjeta o un dispositivo USB) en el que se incluya un software, que sale por unos 150 euros, se pueden comenzar a emitir facturas electrónicas a partir de 500 euros”-, eso sin contar con alguna de las iniciativas promocionadas por la Unión Europea, “en cuyo caso, la emisión puede tener un coste cero”.

Como para pensárselo en la siguiente firma estampada en un documento, y no sólo por el ahorro en tinta y papel. Lo dice alguien acostumbrado a viajar al futuro… y al pasado, “la emoción de sentir en mis manos el tacto de un herrerasaurus, un fósil de lagarto con 225 millones de años de antigüedad, no es comparable con nada”. Rodolfo lo sabe bien. Junto a su mujer, excavó los restos en el Parque Ischigualasto (Argentina).

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